Un día gastronómico en Santander

 

Vamos a disfrutar de Un día gastronómico en Santander. Todo el mundo que visita Cantabria opina lo mismo: en Santander se come bien. La capital cántabra ofrece una amplia variedad de productos, destacando, por supuesto los productos del mar.

Aperitivo:

Rabas en el faro. Controlando la bahía se erige este monumental faro, un viejo edificio centenario desde donde parte una hermosa senda que bordea los violentos acantilados. Este paseo es una forma perfecta para abrir el apetito que rápidamente se sacia en la única terraza del lugar. El bar el Faro no es solo famosos por su espectacular situación: a la sombra del blanco edificio, mirando al mar mientras los caballos de un picadero cercano hacen una visita y llaman la atención de todos. En su cocina se preparan las mejores raciones de rabas de calamar de toda Cantabria, un plato exportado a toda taberna española que se precie pero que en esta ciudad llega al cenit de su sabor.

Comida:

En el corazón de Puerto Chico. El barrio pesquero de la ciudad no es sólo un reducto de viejas y rudas tascas sino que también hay un lugar para reinventar la gastronomía santanderina cada día. El restaurante Lasal ha mamado la esencia de un rincón porteño: el mar y las influencias de fuera para dotar a sus recetas de un toque diferente. Sí, se comen centollos, pero dentro de unas deliciosas croquetas. Sí, hay pescado, pero hecho a su manera (es decir, a lasal) y bañado en salsas fusión. Y así decenas de platos en los que reconocer sabores antiguos en recetas modernas. La lluvia de ideas no falta ya que sus cocineros tienen la inspiración en la puerta del local: con un sólo paseo por este barrio las ideas fluyen entre taburete y ración.

Café y postre:

La terraza del balneario de la Magdalena. Esta es la única cafetería en toda la señorial península de la Magdalena. Y no es por ningún enchufe sino por su tradición, lo que le ha convertido en un en un ‘must’ para todo el que se deje caer por allí a lo largo de los años.

La postal que se divisa debajo de sus toldos es una de las más hermosas estampas de la bahía. Una vista que se disfruta mientras se ataca la amplia carta de postres donde se ha ganado un nombre la pirámide de chocolate con natillas caseras y la tarta de orujo sobre sobaos pasiegos, la esencia de la región en apenas una decena de bocados. Ah, por cierto, no es un balneario sino la primera parada de la visita a esta península. Una ruta que permite hacer la digestión mientras se rodea el ecléctico palacio o se pasan ratos muertos observando embobados a las focas, leones marinos y pingüinos de su simpático zoo al aire libre.

Cena:

La incansable oferta de Cañadío. Esta popular plaza es el epicentro del atardecer para los santanderinos, que acuden en masa para refrescarse en sus bares o cenar en sus peculiares mesones. Los platos son de origen similar y, normalmente, lo que inclina a decantarse y elegir es el ambiente.

En La Conveniente la cena suele ser a base de raciones clásicas mientras un entrañable hombre disipa el ruido tocando el piano incansablemente. El restaurante Cañadío es uno de los pioneros en actualizar el concepto pintxo dotándole de sofisticación bajo la premisa de la virtud en la brevedad.

En el cercano Días de sur lo que te espera es la conversación metaregional de la esencia nutricional española. O lo que viene a ser una autoparodia de las diferencias entre el norte y el sur de nuestro país aplicado a la comida. Podría estar considerado como un intruso, pero el humor de su carta, sus divertidas pizarras donde explica que por arriba se comen anchoas y por abajo tortilla de camarones y su distendido jolgorio le han hecho ganarse un hueco en las preferencias de propios y extranjeros.

Un día gastronómico en Santander

Via: Traveler

 

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