¿Son sanos los precocinados?

¿Son sanos los precocinados?

¿Son sanos los precocinados?

No lo son si los consumimos con relativa frecuencia. Los precocinados pueden sacarnos de un apuro en determinadas circunstancias, debido a su rapidez y comodidad. Como dicen los fabricantes; calentar y listo. Pero consumirlos casi a diario por comodidad y rapidez son perjudiciales para nuestra salud.

Dificultad de identificación, en cantidad y calidad, de los ingredientes:

A diferencia de los que se preparan en casa, en los precocinados no conocemos la composición exacta, tipo de aceite o grasa de condimentación o cocinado (de oliva, girasol, soja, coco o palma…) y la proporción de otros ingredientes que los componen. Por ejemplo: en fritos tales como croquetas, barritas de pescado, etc., la proporción de rebozado y de contenido de bechamel de carne o pescado, etc. varían considerablemente.

Alteraciones en el valor nutritivo, pérdida de nutrientes:

Las comidas preparadas no son tan nutritivas como las caseras. Esto es debido a que generalmente dichos alimentos ya están cocidos, por lo que pierden una considerable cantidad de nutrientes y además, cada vez que se calientan, abandonan buena parte de su aporte de vitaminas.
Aunque el envase indique los ingredientes, no es lo mismo «carne de ternera», (¿de qué parte del animal? ¿Con qué cantidad de grasa?), que un filete que nosotros mismos picamos. Cuando dicen «grasa vegetal», no es igual aceite de palma que de girasol, desde el punto de vista de la salud.

Digestibilidad, contenido de sodio y valor energético:

Otro de sus inconvenientes es que suelen ser platos muy condimentados y a veces demasiado fuertes, por lo que provocan digestiones pesadas. Por otro lado, en general, contienen más azúcar y sal que los que se realizan en casa, entre otras cosas, porque el sodio se utiliza desde hace siglos como conservante y se sigue haciendo en la actualidad.

El valor energético de estos alimentos suele ser mayor que el de los frescos, por lo que hay que tener mucho cuidado con los posibles aumentos de peso. De hecho, mucha gente engorda cuando se independiza, y la razón no es otra que el aumento de consumo de este tipo de preparados. Por ello, es importante no abusar de su consumo e incluir alimentos frescos en mayor proporción en la dieta.

Grasas saturadas y colesterol:

Las grasas saturadas -aquellas que en exceso tienden a aumentar los niveles de colesterol en sangre- son demasiado abundantes en los preparados alimenticios debido, sobre todo, a las salsas, las grasas y otros ingredientes que se emplean en su fabricación.

Aditivos alimentarios:

Los alimentos precocinados suelen estar compuestos, entre otras cosas, de conservantes, colorantes, antiapelmazantes, etc. Aunque ciertos alimentos frescos también los llevan, lo hacen en cantidades mucho menores. En cualquier caso, los aditivos alimentarios tienen determinados beneficios, como el mayor tiempo de conservación; ésta es, precisamente, una de sus grandes ventajas: se mantienen en perfecto estado durante varios meses siguiendo las instrucciones del fabricante que figuran en su etiquetado.
Lo cierto es que son menos naturales y pueden producir dificultades digestivas en estómagos susceptibles. Además, es difícil controlar la cantidad de sal que ingerimos, en caso de tenerla limitada, pues se incluye en numerosos aditivos.

Y por último su alto poder calórico desaconsejan su consumo habitual. Mi consejo es que volvamos a cocinar como dios manda, es decir casero.

Via: Alimentación sana

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