Los veinte aforismos de Brillat-Savarin

Los veinte aforismos de Brillat-Savarin

 

Los veinte aforismos de Brillat-Savarin. El Universo no es nada, sino por la vida, y todo el que vive se nutre.

Los animales llenan su estómago; el hombre come; el hombre de ingenio es el único que sabe comer. El destino de las naciones depende de su alimentación.

Dime lo que comes y te diré qué eres.

El Creador, al obligar al hombre a que coma, le convida a ello por medio del apetito y le recompensa por medio del placer.

La golosina es un acto de nuestro raciocinio, por la cual damos preferencia a las cosas gratas al paladar sobre aquéllas que carecen de esta cualidad.

El placer de la mesa es de todas las edades, de todas las condiciones, de todos los países y de todos los días. Puede asociarse a todos los
demás placeres y es el único que nos queda para consolarnos de la pérdida de los demás.

La mesa es el único sitio en que nadie se aburre durante la primera hora.

El descubrimiento de un nuevo manjar contribuye más a la felicidad del género humano que el descubrimiento de una estrella.

Aquellos a quienes se les ha indigestado la comida o que se emborrachan no saben ni comer ni beber.

Los comestibles serán presentados en esta forma: Primero, los sustanciosos; después, los más ligeros, progresivamente.

Las bebidas, primero las más ligeras, acabando por las más cargadas de alcohol.

Es una herejía el pretender que no se ha de beber más que un vino en una comida de consideración; el paladar se embota, y al cabo del tercer vaso, no tiene ya sabor particular el mismo vino.

Postre sin queso es como una mujer hermosa que fuera tuerta.

El cocinar no depende de la práctica, nace con uno; el cocinero se hace. Es decir, que se aprende a guisar, pero sólo por intuición se asa bien.
(No estoy muy conforme con esto; para ser «cocinero» son necesarias muchas más cosas que no se adquieren: gusto, paladar, invención, saber sacar partido, etc.).

La cualidad sobresaliente del cocinero es la puntualidad; también ha de ser la del invitado.

Esperar demasiado a un invitado es una falta de respeto para los demás comensales presentes.

El que convida a enemigos y no se cuida con esmero de lo que van a comer, no merece tener amigos.

A la dueña de la casa incumbe asegurarse de la cumplida preparación del café, al dueño de la casa toca ocuparse de los licores.

Convidar a alguien es tratar de hacerle grato el tiempo que permanezca en nuestra casa.

Los veinte aforismos de Brillat-Savarin

Historia de la gastronomía. Divertida aportación de María Mestayer de Echagiie – más conocida como la Marquesa de Parabere.

 

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