Las quejas de los clientes en los hoteles

Las quejas de los clientes en los hoteles

 

Las quejas de los clientes en los hoteles. Las quejas de los clientes en los hoteles son numerosas, conserjes y recepcionistas pueden dar buena fe de ello, aunque no todas la quejas tengan justificación. En cualquier caso los grandes hoteles son reacios a desvelarlas.

El huésped de un hotel es, por naturaleza, quejica. Se depositan demasiadas ilusiones en un hotel. Del ruido operístico de las cañerías a la incapacidad de encontrar la HBO en la tele para ver el último episodio de la serie de moda: estas son las principales quejas en los hoteles.

¿Son justas las quejas de los clientes en los hoteles?

Las quejas de los clientes en los hoteles son comunes. Una queja bien resuelta puede fidelizar el cliente. Una despreciada aleja al cliente.

Hay quejas mayores y quejas menores. Las mayores son las que impiden el disfrute normal. Algunos ejemplos son: que la reserva no esté registrada, que la ducha no funcione, que las cañerías suenen como una opera wagneriana, que haya cucarachas o la cama esté sucia. Estas exigen soluciones inmediatas. Y griterío. Y llantos.

Luego están las menores, como que la piscina esté cerrada a las horas que, justo, necesitamos hacer nuestros 20 largos diarios o que falten almohadillas desmaquilladoras en el baño. No son importantes. En serio, no lo son.

Estas son algunas de las quejas más escuchadas en los hoteles. Mayores o menores, según queramos verlas.

1) El wifi, el santo wifi, el famous and infamous wifi.

Probablemente lo haya, pero quizás no sea gratuito. Conocemos los casos de hoteles a 500 euros la noche que cobran 30 euros al día de conexión wifi. Pero siempre hay algo peor que no haya wifi: que funcione mal. Bajarse al lobby en con pijama y gafas para pillar red es algo que nunca tendríamos que haber hecho.

2) Las vistas.

No se puede exigir que aparezca delante de la ventana el Panteón de Roma o un mar embravecido si no los hay, pero sí podemos enfadarnos si nuestra habitación da a un patio interior, sin luz y con una pared a medio metro. En ese momento tan desolador de abrir la cortina y encontrar la pared hay que huir despavorido y luchar por una habitación con vistas. O al menos con otras vistas.

3) Olores

Esta es mi queja favorita. La que saca la hidra que llevo dentro y saco tan pocas veces. Abrir la puerta y que huela a tabaco es un NO inmenso. También que las sábanas huelan a humedad. Una vez, en un tremendo hotel parisino ocurrió esto y protesté, claro, con mi mejor francés. Me pidieron mil perdones y los perdoné, muy condescendiente yo. Sigo yendo.

4) «Me han cobrado la Coca-Cola que no me bebí»

El minibar es un tema sensible. A veces, los productos tienen sensores que evitan que se consuma y se reponga. Algo que todos hemos pensado/hecho. En cualquier caso, si te has comido el Toblerone, reconócelo. Si no, dilo con educación y no lo cargarán.

5) «La habitación no está lista»

Normalmente esto es culpa del huésped, que aparece antes de lo que aparece en su reserva. El check in suele ser a las 2 o las 3. El hotel no tiene la culpa de que tu vuelo llegue a las 7 de la mañana. Si es un buen hotel y puede te dará una habitación; si no, deja las maletas en el hotel y date un paseo por los alrededores. Deja trabajar a la gente.

6) Qué significa do not disturb

A veces, el personal del hotel no lee bien el cartelito de marras. O se nos ha olvidado darle la vuelta. Eso conduce a situaciones de incómodas a muy incómodas. No hace falta pedir la cabeza de la persona que no ha leído bien el “No molestar”.

7) «No sé manejar el mando a distancia de la tele».

Si atendiéramos cuando nos lo están enseñando no ocurriría eso. Si no puedes vivir sin ver la BBC, pide que suba alguien y te muestre cómo hacerlo. Normalmente, cualquier alternativa a encender la tele suele ser interesante. Girls, si estás en Nueva York, puede esperar.

8) «Oigo una apisonadora junto a mi habitación».

Cuando estamos fuera de un hotel tenemos el listón de aguante del ruido muy alto; en cambio, cuando dormimos en uno, nos convertimos en príncipes y princesas. Todo nos molesta. Si hay una obra cerca (o dentro) , el hotel debería avisar y nosotros decidir. Si alguien camina por el pasillo, debemos tener paciencia a menos que sean un grupo de hooligans. Si lo es, hay que levantar el teléfono y decirlo. Quien no llama, no duerme. Ah, y si estás en Marrakech y oyes al muacín al amanecer y te quejas, entonces es que quizás no mereces ir a Marrakech.

Las quejas de los clientes en los hoteles

¿Y tu que opinas de las quejas de los clientes en los hoteles?

Via: Traveler

 

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