Harry’s Bar en la Inmortal Venecia

En 1931, un sueño largamente esperado se hizo realidad. Giuseppe Cipriani abrió las puertas a la barra de Harry. En un discreto edificio de piedra encaramado a lo largo de un canal cerca de la Plaza de San Marcos en Venecia, creó un establecimiento diseñado impecablemente y atemporal. Su concepto fue servir a los demás como le gustaría servirse uno mismo. Su visión de simple lujo llegó a tocar las almas de las personas en todo el mundo.

En la barra de Harry en Venecia, todos los clientes son tratados como realeza. Elementos simples como verdadero servicio y devoción han elevado de Harry a la categoría de leyenda. De hecho, en 2001, el Ministerio italiano de cultura declaró Harry Bar en Venecia un monumento nacional, un honor único otorgado no solo por la decoración o el mobiliario, también por ser testigo y testimonio de los acontecimientos de un siglo en Venecia.

Al Bar se va a cumplir tres obligaciones: pedir un Bellini, un Garibaldi y comer un Carpaccio preparado por Giuseppe Cipriano hijo.

Fue centro de peregrinación de norteamericanos; Ernest Hemingway,-el bebedor más famoso de América-, Truman Capote, Scott Fitgerald, Aristoteles Onassis, Charlie Chaplin, Orson Welles, Peggy Guggenheim, Noel Coward, Cary Grant y Barbara Hutton se convirtieron en incondicionales del local.

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La creación del Carpaccio se debe a una historia muy curiosa: en los años 30, una clienta del bar, la condesa Nani Mocenigo explicó a Cipriani que el médico le había recomendado comer carne cruda por problemas de salud. Cipriani cortó en láminas finísimas un trozo de solomillo de buey que tenía en la cámara; lo dispuso en un plato y lo condimentó con una salsa mayonesa mezclada con mostaza, salsa worcester y unas lascas de parmiggiano reggiano.

Cuando la condesa le preguntó por el nombre del plato, Cipriani lo bautizó con el nombre del pintor italiano Vittore Carpaccio al cual la ciudad le estaba ofreciendo en aquellos momentos una exposición y según su creador le recordaba a los cuadros por los tonos rojizos de la carne y amarillentos del queso y la salsa.

A partir de aquel momento la fama del plato se ha ido extendiendo y ennobleciendo o degradando según la sensiblidad y la osadía del chef de turno.

Via: Immortal Venice: Harry’s Bar,  Nowness.com y George Streisand

 

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