Enamora con palabras al camarero o a tu novia

 

Enamora con palabras al camarero o a tu novia. A tu novia ¿Acaso necesito una razón para hacerte un regalo?”. A menos que efectivamente estés tratando de reparar con ese detalle algún agravio que hayas cometido –o estés a punto de cometer–, comprobarás cómo la espontaneidad y la generosidad son dos fabulosos afrodisíacos para las relaciones sentimentales. Y si ya quieres hacerlo en plan pro, cambia la frase por: “¿Acaso necesito un motivo para regalarte flores?”.

 

 

A tu mejor amigo

“Tal vez no quieras escuchar esto, pero creo que estás haciendo mal poniéndole los cuernos a tu novia”. Puede que la relación de amistad se tense durante algún tiempo, pero como amigos tenemos el deber de recordar a nuestros íntimos la importancia de valores como la caballerosidad, la confianza y la fidelidad. Lo que hagan después es asunto suyo. Eso sí, cuando llegue la hora de llorar, siempre podrás entonar un “te lo dije”.

 

 

A tu entrenadora personal

“No te cortes, méteme caña, no escuches mis excusas ni me dejes flaquear en mis series de abdominales”. No es que te la vayas a ligar haciéndote el Rambo, pero a los entrenadores les gusta ver que sus alumnos se lo toman realmente en serio. Además, si vas al gimnasio a vaguear, ¿para qué pagas 100 euros a la hora? Te saldría más barato tumbarte en el sofá y te evitarías la vergüenza de pasear tus michelines por el templo del culto al cuerpo.

 

 

A la chica que conociste por internet

“Perdona que esté nervioso, pero es la primera vez que quedo con alguien que haya conocido en un chat”. Si es verdad, mostrarás tu lado más sensible, empatizarás con tu cita –lo normal es que ella también lo esté– y despertarás su instinto protector. Si no lo es, conseguirás igualmente que se sienta especial y, por añadidura, evitarás parecer un depredador de la red que se pasa el día frente a la pantalla en busca de carne fresca.

 

 

Al camarero de tu bar preferido

“Puedes quedarte con el cambio”. Un poco de calderilla no va a arruinarte y, además, no puede estar mejor invertida. Con esos cobres que acaban molestando en el bolsillo te garantizas un servicio eficiente y amable la próxima vez y, tal vez, alguna invitación que otra. Como bien sabían los emperadores romanos, ser amable con aquellos que te sirven la comida y la bebida no va a matarte; pero lo contrario, quién sabe…

Enamora con palabras al camarero o a tu novia

Fotos: © Thinkstock.
Redacción GQ

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