El origen de los huevos benedict. El rey de todo brunch

 

El origen de los huevos benedict, el rey de todo brunch. A pesar de sus orígenes de alta cuna, no deja de ser un desayuno tardío y a deshoras. “Hay mucha gente que practica el brunch por moda, por supuesto, es como el tema del gin tonic” comenta David de Federal Café “tú has podido tomarte un gin tonic en vaso de tubo y no ha pasado nada, pero sí es verdad que en coctelería hay ciertas normas de preparación y el gin tonic sabe mejor en copa de balón”.

La comida también tiene sus normas, hay que comer como Dios manda. El snobismo y el pijoterismo causan estragos en la gastronomía.

Hoy vamos a conocer las tres leyendas que se cuentan sobre la creación de este plato de la cocina norteamericana.

Si algún sábado o domingo te has levantado tarde, posiblemente con resaca y con ganas de llevarte algo a la boca que resuelva de un golpe tu desayuno y tu comida, entonces es más que probable que conozcas los huevos benedict de primera mano. Ningún brunch con un poco de respeto por sí mismo puede dejar de incluir en el menú un plato que parece sofisticado, pero en realidad es tan sencillo como una magdalena (también vale pan tostado) abierto por la mitad, un huevo pochado, bacon o jamón cocido y la famosa salsa holandesa recubriéndolo todo. De repente, ya dejas de tener hambre. Y es posible que también tengas menos resaca?

Según el famoso restaurante neoyorquino Delmonico’s, por si no lo conoces, este templo de la american cuisine fue el primer establecimiento que prometió alimentar a sus clientes durante las 24 horas del día, pues sus puertas no cierran nunca. Su carta asegura que los huevos benedict “fueron creados dentro de nuestros hornos en 1860”, concretamente el mismo año que Delmonico’s pasó de pastelería a restaurante. Serían, por así decirlo, su plato inaugural, y no ha dejado de figurar en su popular “power lunch” desde entonces.

Esta primera teoría tiene a su favor una prueba documental por la que las otras dos existentes serían capaces de matar: Charles Ranhofer, uno de los primeros chefs del restaurante, publicó su receta personal para los Eggs à la Benedick en una fecha tan temprana como 1894, lo que la convierte en la primera referencia literaria a estos deliciosos huevos. El libro de Ranhofer, titulado ‘The Epicurean’, es considerado poco menos que la biblia de la cocina made in New York, luego muy poca gente se atrevería a llamar mentiroso a este cocinero..

Claro que hay quien sí lo hace. En 1942, la revista New Yorker publicó una entrevista con el broker retirado Lemuel Benedict como parte de su legendaria columna ‘Talk of the Town’. Este anciano contó la historia sobre cómo una buena mañana de 1894 irrumpió en el lobby del Hotel Waldorf y, un tanto desorientado, inició su camino hacia el restaurante. Lo que buscaba era nada más y nada menos que una cura para su resaca, razón que le llevó a pedir “una tostada con mantequilla, huevos pochados, bacon crujiente y un tarro de holandesa” nada más sentarse en su mesa. Benedict parecía tener las cosas tan claras que todo el mundo se sintió impresionado con su comanda, hasta el punto de que el Waldorf decidió incorporar ese plato al menú habitual del hotel.

Por tanto, aquí tenemos la segunda teoría: un broker resacoso apellidado Benedict improvisó durante una resaca descomunal durante el mismo año en que Ranhofer publicó ‘The Epicurean’. De ser cierta, no tendríamos más remedio que aceptar que el chef de Delmonico’s se pasó un día a desayunar por el hotel, vio los huevos benedictinos en su carta y procedió a copiarla para su propia cocina, sólo que cambiando la tostada con mantequilla por un muffin.

Espera, que hay una tercera historia de su origen

En 1967, el New York Times publicó una carta escrita por un tal Edward P. Montgomery, en la que aseguraba que la receta fue un viejo secreto culinario que él recibió en persona de manos de su tío, un gran amigo del Comodoro Elias Cornelius Benedict. El tipo era casi la caricatura de un hombre de negocios neoyorquino de finales del XIX y principios del XX, sólo que su pasión por el dinero era superada por su pasión por la alta mar. La carta de Montgomery contaba cómo, cuando estaban en su yate, al comodoro y a su tío les gustaba desayunar unos buenos huevos pochados, si bien su forma de preparar la salsa holandesa era algo diferente a la de los demás.

(Oh, y por si te lo estás preguntando: la receta tradicional más aceptada suele incluir tres yemas de huevo, 150 gramos de mantequilla, un poco de zumo de limón, sal y pimienta. Lo bates y ya tienes una buena tarrina de orgullo holandés).

De modo que hay tienes las tres leyendas principales que explican el origen de los huevos benedict.

El origen de los huevos benedict

Vía:GQ

 

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