Cómo se come una pizza: debate

 

Cómo se come una pizza: debate. La pizza, es un alimento que ha unido a generaciones enteras, a votantes de la derecha como a votantes de la izquierda, con cebolla o sin cebolla; la pizza une a países más de lo que ha unido jamás la ONU, que une a seres humanos más de lo que ha unido jamás el camerino de Julio Iglesias; la pizza es, sin embargo, objeto de pequeñas disputas o bandos.
La vida es demasiado corta como para ponerte exquisito con la pizza, pero he aquí algunos de estos enfrentamientos. Para mi gusto con cebolla como la tortilla de patatas.

¿Masa fina o masa gorda?

¿Qué pizza es más sabrosa: las gruesas y contundentes que nos encontramos en EEUU (cuna del cúmulo de excesos), o aquellas otras finas y crujientes como las napolitanas (en Nápoles, cuna de la pizza, aseguran que una buena pizza no debe de contener más de 188 calorías por cada 100 gramos) ¿Qué es mejor, que la masa sepa mucho a masa o que este sea un sabor que se diluya entre el resto de los ingredientes? ¿Es mejor una masa que te deje huella gástrica o una que sea más fácil de digerir? ¿Apuesta fit o apuesta fat? ¿Masa fina o masa gruesa? He ahí una cuestión que ha provocado más de una reyerta ante la página web del Domino’s o sucedáneos. A mi me gusta fina y crujiente.

¿Comer o dejarse los bordes?

En esta cuestión más que disputa hay polarización, porque los que dejan los bordes de la pizza (que piensan: «ES QUE ES SOLO MASA») hacen felices a los que se los comen (que piensan: «¡PERO CÓMO DEJAS LOS BORDES, ES QUE NO TIENES ALMA, TE HAN ROBADO EL CORAZÓN, ACASO TE COMES LOS HUEVOS FRITOS SIN PAN. Bueno, dame ya esos bordes»). Aquí se genera una cadena de favores que vuelve a poner en valor la mayor cualidad de la pizza: su capacidad para unir al ser humano, sean cuales sean las preferencias personales del mismo. Yo me los como, están doraditos y ricos.

¿Pizza hawaiana o antihawaiana?

Durante muchos años los partidarios de la pizza hawaiana (entre los que no me incluyo) la pedían de soslayo como quien habla por teléfono en un velatorio. Pero poco a poco han ido saliendo del armario convencidos de que la pizza con piña es el alimento definitivo: la mezcla perfecta entre salado y dulce, la sublimación del melón con jamón, la combinación certera entre hidratos y azúcares, el motor que bombea todas tus papilas gustativas.

La prueba es que siempre que la pides en una cena en grupo es de las primeras que se terminan. «No, a ver, si a mí me parece una aberración, pero ya que está me lo como», escuchas. La pizza con piña es el voto oculto de las encuestas electorales en España, es el margen de error del CIS, la hipocresía cuándo serás mía.

En el lado contrario a los que defendemos la pizza con piña como si fuese nuestro hijo frente a unos abusones en el recreo, están los que argumentan que se trata de un crimen de lesa humanidad. Que eso, como la silla de la cocina, no es comida. Que por qué en vez de piña no le echamos fresas, kiwis y un melón, y a ver qué nos parece. Que la fruta es un postre. Yo no la como, esto no es pizza de verdad.

¿Desayunar pizza o aberración?

Los hay que desayunan dulce por decreto ministerial. O los que piensan: ¿Pizza de desayuno, que eres UN SALVAJE? Hace un año, el nutricionista Chelsey Amer aseguró que desayunar pizza es más sano que desayunar un bol de cereales porque los carbohidratos son maravillosos de buena mañana. Además, añado que la pizza fría es casi mejor que la pizza caliente. Y que no dejes que nadie te diga jamás cuándo debes o no comer pizza. Aun con todo, yo prefiero un café con leche o un té, fruta y algo de repostería.

Cómo se come una pizza: debate

GQ

 

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