Comer insectos para acabar con el hambre

 

Aunque nos suene asqueroso, comer insectos para acabar con el hambre en el mundo. Puede que en nuestro país todavía no estemos acostumbrados a comer insectos. Pero es algo muy común en otros países, China, por ejemplo. Incluso ya se venden snacks hechos de insectos, más saludables y sostenibles.

Suena asqueroso, es verdad. No parece posible que un ‘crujiente’ tartar de cucarachas podría ser apetecible para nadie. Pero no así el sushi de cucaracha, plato que ya es la sensación en China, país donde existen cientos de granjas de insectos para consumo humano, una práctica milenaria en varios país que se está convirtiendo en una de las últimas ‘tendencias gastronómicas’ a nivel global.

La entomofagia, nombre técnico para comer insectos, es un hábito extendido en varias zonas de África, Asia o América Latina. Es normal ver insectos comestibles en los mercados de Bangkok, China o también en algunos lugares de México, por ejemplo. Ya en ‘El Rey León’ los simpáticos Timón y Pumba enseñaron a un joven Simba cómo podía vivir una fantástica vida a base de bichos.

Y es que la industria de insectos comestibles podría crecer un 25% anual de 2019 y 2030, fecha en la que este sector podría rondar los 8.000 millones de dólares en todo el planeta, según un estudio de Meticulous Research y Barclays. En total, el estudio prevé que tragaremos 732.000 toneladas de insectos en 2030, es decir, unas 71 veces las 10.100 toneladas que pesa la Torre Eiffel.

Serán miles de productos en los que encontraremos ‘proteína de insectos’. Y aunque quieras, es probable que no puedas evitarlo, ya que muchos de estos productos no vendrán anunciados como ‘tataki de escarabajo’ o ‘macarrones con grillos’, sino que serán bolsas de patatas o barras energéticas que incluirán harina de insectos entre sus ingredientes. Otras veces sí que lo indicarán claramente, aunque quién sabe…quizá terminemos amando la araña a la brasa.

Pero es que el mercado de ‘bichos’ para consumo humano tiene un gran potencial para crecer porque son una excelente fuente de proteína que es más rápida, sostenible y barata que el actual sistema de producción animal. Sólo hay que hacer un ‘rebranding’ a la marca ‘insectos’.

Barato + eficiente + sostenible

Se estima que la población será de 9.800 millones de personas en 2050, según Naciones Unidas, un incremento significativo desde los 7.000 millones que aproximadamente somos actualmente. Y dar de comer a toda esta gente supone mayor presión para la producción alimentaria, especialmente para las proteínas porque criar cerdos, vacas y pollos es caro, necesita mucha agua y ocupa mucha tierra.

Producir un solo kilo de carne de vaca requiere unos 15.415 litros de agua, en cambio, 1 kilo de grillos necesita 1.816 litros de agua, según afirma Griopro, una compañía que fabrica harina de insectos. En otras palabras, un kilo de grillos requiere unas 8,5 menos de agua que uno de ternera.

Es más, Griopro asegura que es 20 veces más eficiente producir proteína de insectos que de granado. Más gente significa mayor necesidad de proteínas. Y cuanto más barato sea, más atractivo resulta para las productoras de alimentos utilizar este tipo de fuentes de proteína.

Pero además de combatir la escasez de agua, reducir el número de animales podría disminuir el número de emisiones de gas invernadero a la atmósfera, puesto que ya hemos señalado que el ganado es provoca del 14,5% de todas las emisiones de gas invernadero a nivel global, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los eructos de las vacas generan tantas emisiones como el transporte. Y los grillos, cucarachas y gusanos no eructan…así, que la emisión de gases invernadero de producir insectos de la harina (mealworms) es prácticamente inexistente, según un informe de la FAO. A su vez, el mismo estudio indica que un 1 kilo de gusanos de la harina requiere menos de 25 m2, mientras que el mismo kilo de pollo necesita unos 60m2 y el de vaca asciende hasta los 250 m2.

Comer insectos para acabar con el hambre

 

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