Chefs héroes de la España despoblada

 

Chefs héroes de la España despoblada. No han sucumbido a los atractivos de las ciudades. Apostaron en su día por enraizarse más en la tierra que les vio nacer y crecer, aunque fuera chiquita o cada vez quedaran menos vecinos con los que charlar en la plaza del pueblo. Con el buen hacer de su cocina, muchos chefs han ubicado en el mapa estos rincones de la España despoblada, lugares de peregrinaje de los amantes del buen comer.

Aldeas donde hay más vacas que vecinos en algún caso. Hay quienes apostaron por continuar el legado de sus abuelas y padres, en esa misma cocina donde aprendieron a caminar entre cazuelas y sartenes; otros hicieron un viaje de ida y vuelta y desempolvaron el recetario familiar para darle un nuevo lustre junto a sus vecinos, muchos de ellos hortelanos, pastores, vinicultores o pequeños pescadores. Los cocineros han sido avanzadilla de esos héroes de la España vacía que se esfuerzan para que no se mande a la despensa del olvido muchas regiones de España.

Un viaje por la gastronomía de la España despoblada.

 

 

En Daroca de Rioja, el censo vecinal entra en un bus de línea. Ahí se mantienen los hermanos Carlos e Ignacio Echapresto desde 1997 con su ‘Venta Moncalvillo’ (2 Soles Guía Repsol), mientras presumen allá por donde van de sus proveedores locales y de su propia huerta. En su revisión actualizada de la cocina riojana no renuncian a elaboraciones más clásicas, como la casquería, los guisos y productos típicos de la región, despojadas de artificios.

 

 

No llegan a 300 los vecinos que conviven con Luis Alberto Lera en Castroverde de Campos (Zamora), donde su padre Cecilio –cocinero, copropietario de palomares y alcalde– ya consiguió hace muchos años atraer hasta esta comarca, en medio de la nada, a los amantes de la caza, con el pichón como sello de identidad de ‘Lera’ (2 Soles Guía Repsol).

 

 

También tienen legión de peregrinos las creaciones micológicas de Elena Lucas, que cambió su vocación infantil de ser pintora por seguir el legado de su abuela y sus padres en ‘La Lobita’ (2 Soles Guía Repsol). En pleno corazón de la comarca soriana de Pinares, en el pueblo de Navaleno, las setas de temporada y la trufa negra conviven con recetas de cuchara con recuerdo a la cocina tradicional. Y auténticos devotos de sus atrevidas maduraciones de carne tiene José Gordón, que logra llevar hasta la pequeña pedanía leonesa de Jiménez de Jamuz a los apasionados de la carne roja de bueyes y vacas de ganado propio que lucen en las parrillas de ‘El Capricho’ (1 Sol Guía Repsol).

 

 

Un viaje de ida y vuelta

En este interior de la Península resisten, entre otros, ‘La Botica de Matapozuelos’ (2 Soles Guía Repsol), donde Miguel Ángel Cruz le saca partido a las piñas piñoneras de Tierra de Pinares; la turolense ‘El Batán’ (2 Soles Guía Repsol), en Tramacastilla, donde residen un centenar de personas, casi los mismos que en Vega de Tirados (Salamanca), cuya población cabría en el comedor del restaurante ‘Rivas’ (2 Soles Guía Repsol), donde Ana Rosa Cuadrado maneja los fogones con maestría.

 

 

Y de los últimos que han protagonizado un viaje de ida y vuelta a casa está Edorta Lamo, que ha cambiado la concurrida parte vieja de Donosti por el sosiego de Campezo, en el interior de la montaña alavesa, donde rescata la cocina furtiva de sus antepasados en ‘Arrea!’ (1 Sol Guía Repsol).

Chefs héroes de la España despoblada

 

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