Cafeterías de cereales: la nueva tendencia

Cafeterías de cereales: la nueva tendencia

Cereal Hunters Café abrió con 157 tipos de cereales y veintitantos tipos de leche. Seguro que no sabías que había tantas leches, pues las hay. Tampoco sus cuatro socios cuando decidieron embarcarse en una aventura inspirada directamente en Cereal Killers. Un garito londinense que se convirtió desde su apertura en uno de los emblemas de la gentrificación, señalado por periodistas y anarquistas de diseño como la claudicación del mundo ante los hipsters. Y eso que ni siquiera era algo nuevo: sólo la traducción a Inglaterra de algo que en Estados Unidos ya existía desde al menos una década antes.

Existen bares, cafeterías y restaurantes para todos los gustos: tradicionales, asiáticos, italianos, de menú, de tapas, de cocktails… Pero lo último es una cafetería cuyos principales protagonistas son los cereales. Una tendencia en alza.

Lo cierto es que en Madrid ya existen dos establecimientos que rinden culto a los cereales que tan buenos recuerdos de la infancia nos trae a muchos. El primero en hacerlo fue Cereal Hunters Café, situado en el barrio Malasaña, con una decoración en el que el más importante protagonista son los cereales, cuenta con la mayor colección de cajas de cereales en España. Casi a la par llegó a la capital de España Cereal Lovers Bar, un concepto de bar similar con más de 150 variedades de cereales que abrió en pleno mercado de Antón Martín. En ambos se puede tomar un bol de cereales como desayuno, almuerzo o  “brinner”.

Cereal Hunters lo tiene muy claro como señala Marcos, uno de los socios, que conoce de primera mano la referencia porque vivía en Inglaterra: “sí, también entré [en Killers] para hacerme una foto con la leche y los cereales”. Porque a Cereal Killers “les señalaron como la cara visible del encarecimiento del barrio”,

 Y Cereal Hunters se ha encontrado lo contrario: una Malasaña que hace ya mucho que culminó su conversión de barrio alternativo a parque temático de la modernidad. Una conversión teledirigida donde no no queda nada que gentrificar, tras años de cupcakes y cuquishops sustituyendo garitos de mugre y ruido. Donde en la versión patria, los de los cereales tuvieron que esperar hasta casi tirar la toalla a que les hicieran un hueco. En un barrio donde las licencias son un coto cerrado y se traspasan a precio de oro.

Lo curioso es que, en el tiempo que llevan abiertos, también se ha notado la propia desaparición del moderno epicéntrico, ocupado ahora en conquistar el sur de Madrid, mientras algunos titulares adoptan tonterías supremas como Bruclin (y mira que era difícil de superar el escatérgoris Triball como Tribeca castizo) para eso que hay del otro lado del Manzanares.

Así, Cereal Hunter es la normalidad. Es exactamente lo que pretende ser: un sitio diseñado para convertir el bol de leche y cereales en el momento Instagram perfecto, que atrae a curiosos, turistas, gente “entre 20 y 35 años o más” que, sorprendentemente, conforman un público que no se ha dejado llevar por la nostalgia mal entendida.

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¿Fantástico no?

 

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