Tomar una copa de vino al día es saludable, pero no en cualquier copa

Tomar una copa de vino al día es saludable, pero no en cualquier copa

¿A que no te tomarías una Coca Cola con sus hielos y su rodaja de limón en una copa de cava? Yo la verdad es que no tomaría una Coca Cola ni en vaso ni en copa ni en nada, no quiero enfermar lentamente.

No a las copas de colores con filigranas.

Di no. Nunca. Por ahí no paso. Y abraza las copas de los pro, que son lisas y transparentes. Un mismo vino puede saber distinto según el recipiente en el que se beba. Parece un esnobismo (uno más), pero, ¿a que a nadie se le ocurriría degustar un Vega Sicilia en un chato?

Por eso las copas adquieren distintas formas y tamaños, para concentrar o expandir con alegría los olores, para que la boca reciba el interior de la mejor manera y la nariz capte todos sus tonos aromáticos, sobre todo si se trata de buenos vinos. Todavía no se ha inventado la copa que convierta en sublime el Don Simón.

“Hay que invertir en buenas copas –dice Miguel Alonso, de la familia propietaria de la bodega Viñedos Alonso del Yerro–. Yo noto la diferencia. Y, en general, la gente la nota, pero no todo el mundo lo valora”. Sí lo hace César Morales, dueño del restaurante La Milla Marbella: “He hecho catas a ciegas y el vino no sabe igual en unas copas y en otras. Si la copa es Riedel, se nota. El cristal es muy fino y realizan el soplado como antiguamente. Los mejores sumilleres la usan y hasta Robert Parker [gurú mundial del vino] recomienda la marca, porque sus copas (su grosor, su volumen) están hechas para cada líquido, y el vino te sabe mucho mejor”, dice.

Riedel, el Ferrari de los ajuares modernos, es la copa que debes usar para epatar. Por supuesto, hay otras firmas estupendas en los restaurantes de postín, como Spiegelau (propiedad de Riedel), Diva y Schott Zwiesel, pero Riedel es la más reconocida. Y fue pionera a la hora de olvidarse de las copas decorativas y abrazar la cristalería funcional.

La empresa familiar, que nació en 1756 en el norte de Bohemia (después se trasladó a Austria), demostró que el tamaño y la forma de la copa influyen en la percepción del olor y del sabor de la bebida. Tanto han mareado el asunto que han llegado a la conclusión de que, para obtener la máxima expresividad de cada caldo, la copa de vino tinto debe llenarse entre 110 ml y 140 ml (85 ml en el caso del blanco).

En 2017, copa a copa, Riedel facturó 250 millones de euros. De su fábrica han surgido decenas de soportes diferentes: la copa Burdeos Grand Cru, la Cabernet, la Hermitage… Su colección Sommeliers comprende 30 copas, y sus precios oscilan entre los 20 y los 60 euros por unidad, aproximadamente.

No hace falta que te hagas con todas. Basta con una que case con varios tipos de vino. “No comparto el hecho de dedicar una copa para cada vino. En las aflautadas, por ejemplo, no puedo meter la nariz entera. Yo soy más de optar por un tamaño medio, lo mismo para un espumoso que para un jerez”, dice el bodeguero Miguel Alonso, quien a buen seguro se iría de tu casa ty no volvería jamas si le sacaras los vasos de Ikea para catar uno de sus vinos.

Tomar una copa de vino al día es saludable, pero no en cualquier copa

 

Escribe un comentario

Colaboradores