¿Son seguros los cruceros?
A pesar de casos como el Titanic, que marcaron la historia de los cruceros (murieron más de 1.500 personas después de chocar con un témpano de hielo), surcar el mar a bordo de un barco con todas las comodidades sigue siendo un sueño para miles de personas de todo el mundo
Las fuertes inversiones de las navieras no han sido ajenas a este fenómeno. En los últimos años las grandes del sector han renovado prácticamente sus flotas incorporando lujosos buques con todas las comodidades que uno pueda llegar a imaginar: gigantescos spas, restaurantes, casinos, teatros de gran capacidad, varias piscinas incluso cubiertas, una amplia oferta gastronómica con distintos restaurantes, mall comercial, todo un resort de lujo flotante….
Un ejemplo claro de esta renovación es el Costa Concordia. El barco que protagonizó el trágico accidente del pasado viernes fue bautizado en el 2006, contando con una capacidad para 3.700 pasajeros y todo un ejemplo de que se puede considerar un “resort sobre el mar”… pero no es ni el más nuevo, ni el más lujoso ni el más grande. Por el momento Royal Caribbean mantiene el liderazgo en barcos de gran capacidad. Sus dos barcos, el “Allure Of the Seas” y el “Oasis of the Seas” cuentan con capacidad para 5700 pasajeros que pueden alojarse en sus 2700 camarotes, además de 2.165 tripulantes.
En el ranking mundial, le sigue la compañía también estadounidense, Norwegian Cruise Line con su buque Epic, Este cuenta con capacidad para 4100 pasajeros junto a una tripulación de 1708 trabajadores, entre oficiales y empleados.
Estas dos, junto a Carnival Corporation “controlan” el mundo de los cruceros que surcan nuestros mares. Precisamente, Carnival es la propietaria de Costa Cruceros, junto a otras marcas no tan conocidas para el público español, pero de gran peso en sus mercados locales, como Carnival Cruise Lines, Holland America Line, Princess Cruises, Seabourn, AIDA Cruises, Costa Cruises, Cunard, Ibero Cruises, P&O Cruises y P&O Cruises.
Cruceros, una historia de lujo
El primer crucero, reconocido como tal, se anunció en un periódico inglés a comienzos del siglo XIX para promocionar un recorrido por Escocia, Islandia y las Isla Feroe. La primera compañía, Peninsular Steam Navigation Company, nacería en 1837. Luego, en 1912, llegaría el Titanic, y con él su aura de glamour y leyenda que todavía envuelve a quien decide tomar un crucero.
A pesar de su hundimiento, los cruceros se pusieron de moda entre las clases adineradas de Europa y EE.UU. hasta la Segunda Guerra Mundial. Por lo general, los cruceros solían producirse durante los meses de diciembre a febrero y no eran pocos los que celebraban el inicio del año a bordo de uno de los lujosos barcos y en aguas cálidas. Precisamente de esa fama entre las clases adineradas surgieron las llamadas “colecciones crucero” diseñadas por los grandes modistos para satisfacer las necesidades de vestimenta de las mujeres que no disponían de ropa “primaveral” para vestir en esos cruceros.
Finalizada la postguerra, los cruceros volvieron a cruzar los y en 1962 ya cruzaban el Atlántico un millón de personas pertenecientes a las grandes elites, otorgando a este tipo de “vacaciones” una imagen de lujo y sofisticación. La popularización de los crucero se produjo a finales de los 70 gracias a la serie televisiva, “Vacaciones en el Mar” y que condujo a la clase media estadounidense a realizar cruceros por los mares del Caribe.
Ninguno de esos barcos pueden compararse con los grandes cruceros que hoy conocemos. Las navieras han mejorado en diseño, comodidad, servicios y por supuesto también en seguridad para los pasajeros.
Más barcos en construcción
Satisfacer la exigencia de los pasajeros no es nada fácil. En los últimos dos años han sido bautizados, como mínimo, cuatro grandes buques y otros diez están en fase de construcción en grandes dársenas para ser entregados en los próximos dos años. Precisamente, Costa Cruceros ha sido una de las navieras más dinámicas en la renovación de su flota. El pasado verano fue inaugurado el Costa Favolosa y para este año está previsto la botadura del Costa Fascinosa. La satisfacción de los pasajeros de cruceros es de tal envergadura que Costa Crociere se posicionó en el primer lugar en el “Global Reputation Pulse” realizado en 2010 entre las compañías italianas de turismo y servicios
El coste de un barco mediano de 90.000 toneladas y para alojar a unos 2500 pasajeros se sitúa en un mínimo de 100 millones de dólares. Por supuesto, estamos hablando de mínimos… ya que se estima que el coste total del Costa Concordia, inaugurado en el 2996, fue de unos 460 millones de dólares. Otros barcos más recientes y de mayor envergadura, como los citados de Royal Caribbean o NCL, superan con creces esa cantidad.
Seguridad
La construcción de estos gigantescos hoteles flotantes también ha provocado polémicas entre algunos sectores de la sociedad. Su envergadura, seguridad para los pasajeros y el impacto medio ambiental que representan han sido los principales focos en el que los críticos han incidido.
Andrew Linington, de Nautilus International (Sindicato de los profesionales del mar), señala que mientras cada vez más se le da importancia al diseño y la parafernalia de los nuevos cruceros, algunos aspectos de seguridad decaen. “Estos barcos son rascacielos flotantes. Su diseño se ha extrapolado de barcos más pequeños: sus lados son fuertes y su línea de flotación es pequeña (abertura debajo de la embarcación), con lo cual son difíciles de maniobrar cuando el viento sopla con fuerza” (..) “Creemos que una gran cantidad de principios básicos de seguridad están siendo comprometidos para maximizar los ingresos”, señaló Linington, una de las voces más activas en contra de los mega-cruceros.
La opinión de las navieras es bien distinta. Reiteran que cumplen de sobra con todas las exigencias de seguridad reguladas por la Organización Marítima Internacional y como muestra, detallan los pocos “accidentes” en los que se han visto involucrados los cruceros en los últimos años y que, salvo en el tráfico suceso protagonizado por el Costa Concordia, no han habido victimas. “Comparando las datos, tanto de accidentes como de victimas, con otros medios de transporte, el saldo es totalmente favorable a la industria cruceristica”, afirman expertos contradiciendo la voz de los críticos.
La capacidad hotelera de los cruceros, cercana al medio millón de camas, equivale a casi toda la oferta hotelera del sudeste asiático y el riesgo a un accidente es mínimo, aunque nunca puede desecharse.
Precisamente con los avances tecnológicos con los que están dotados los barcos las posibilidades decrecen enormemente. “Existen, pero otros riesgos”, insisten los críticos y ponen como ejemplo el hecho de que algunos accidentes han sido causados por fallos técnicos o humanos. Precisamente, en el caso del Costa Concordia, cuando se produjo el accidente el barco navegaba bajo la dirección del capitán y no respondiendo a las ordenes del piloto automático que lleva las rutas almacenadas. La responsabilidad de la oficialidad así como de la tripulación, es clave, para el éxito de un crucero.
En un momento en que muchas ciudades ven en los cruceros una gran fuente de ingresos para el comercio local, las navieras reciben grandes presiones para incorporarlas a su oferta de puntos de atraque. No todos los buques pueden atracar en los puertos existentes y ese es el motivo de que algunos barcos hagan escalas en unos puertos y no en otros. Pero, incluso, habiendo sido aprobado el puerto por la naviera, no han sido pocas las ocasiones en las que un Capitán ha rehusado entrar en un puerto al considerar que no contaba con el suficiente espacio para realizar las maniobras oportunas.
También en el caso de fondear en bahías, el capitán ordena en muchas ocasiones distintas maniobras durante la jornada para garantizar la seguridad de los pasajeros y tripulantes.
Las navieras se toman muy en serio la seguridad y “obligan” a los pasajeros a realizar durante su primer día a bordo simulacros de emergencia, dando indicaciones a los pasajeros de como deberían abandonar el barco en caso de un accidente. Asimismo, un canal de Televisión y unos carteles en las puertas de cada camarote, indican al pasajero donde debe dirigirse en caso de accidente.
Asimismo, todos los tripulantes han sido entrenados para abordar cualquier circunstancia negativa durante el trayecto… toda una garantía para que cuando esta se produzca, aunque sea muy improbable, los riesgos sean mínimos y los pasajeros puedan regresar a sus casas sanos y salvos.
El trágico accidente del Costa Concordia, no pone en entredicho, la seguridad de los cruceros, sino la necesidad de extremar aún más todas aquellas medidas que reduzcan al mínimo posible cualquier incidente que ponga en peligro a los pasajeros y la tripulación.






Voy a dejar mi humilde opinión como crucerita, este verano voy hacer mi noveno crucero. Lo que ha ocurrido con el Concordia es muy grave, pero no ha sido por culpa del barco, aunque es de la compañia que no soy usuária, tenía avanzados y buenos sistemas de navegación. Este suceso no me da ningun tipo de miedo o duda en volver a coger un crucero, a sido todo un desbarajuste, e incopetencia por parte del capitan del barco, indudablemente entra la poca preparación por parte de los empleados, previsión de emergéncia y salida de la nave en caso necesario. En todos los cruceros ha habido conatos de salida de emergéncia el primer día de salida y el tercer uno para los tripulantes del barco, todo el mundo conoce su salida, normas y barca de emergéncia donde también está apuntado en cada targeta de identificación del viajero(llave del camarote), los niños hasta los 13 años llevan obligatoriamente una pulsera con los mismos datos. La desgracia podría haber sido mayor, por diferentes circuntáncias en la que se encontraba la nave, conozco las dimensiones de este tipo de barcos y me imagino lo que ha tenido que pasar toda esta gente. En mi opinión pueden ocurrir siempre accidentes, pero en este caso el comportamiento, actitud y responsabilidad del capitan deja claro que ha sido nula y un salvese quien pueda!
Besotes Javi!